A menudo se piensa en la historia de vida como el pasado de una persona, como algo estático, guardado en un cajón de recuerdos. Sin embargo, la historia de vida es un relato vivo, construido a lo largo del tiempo con decisiones, afectos, aprendizajes y logros. Cuando este relato se trabaja de forma estructurada, se convierte en una metodología con un impacto claro en la etapa del envejecimiento: preservar la identidad, facilitar los cuidados personalizados y favorecer el bienestar emocional.








