Skip to main content

Cuando pasan las fechas señaladas y la vida vuelve poco a poco a su ritmo, suelen aparecer otras preguntas. Ya no estamos en plena celebración ni en la expectativa previa, sino en ese momento más silencioso en el que se retoman las rutinas y se asienta lo vivido. 

En clave de Atención Centrada en la Persona, este “después” no es solo un tiempo de descanso o evaluación informal. Es un momento especialmente valioso para el cuidado. Familias y profesionales nos preguntamos entonces cómo está la persona tras unos días intensos, qué apoyos necesita ahora, qué cambios hemos observado o cómo se siente al volver a la rutina. Son preguntas necesarias, propias de un acompañamiento responsable y consciente.

Pero este “después” también deja huellas menos visibles.

Lo que permanece más allá de las fechas señaladas

Conversaciones que ya han tenido lugar, frases que se dijeron casi sin darse cuenta, silencios que dicen mucho. Cuando sabemos escuchar, este momento abre otro tipo de reflexión: ¿qué quedó resonando de esos encuentros?, ¿qué deseos asomaron?, ¿qué preocupaciones o ilusiones se expresaron en voz baja?

En comidas familiares, visitas más largas de lo habitual o tardes sin prisas, muchas personas mayores dejan caer frases que hablan claramente de futuro: 

“No sé si al año que viene podré…”,
“Si la salud me acompaña…”,
“Me gustaría volver a…”

Con cierta distancia, estas frases pueden releerse con más calma. No eran comentarios al azar: eran pistas. Señales que nos hablan de cómo la persona se sitúa ante el futuro y de qué es importante para ella.

Cuando el futuro se expresa en lo cotidiano

Para las personas que necesitan apoyos y para quienes las acompañan, tanto familias como profesionales de referencia, estas expresiones no son anecdóticas. Son manifestaciones de propósito: pequeñas ventanas a un Proyecto de Vida que sigue en marcha, aunque se haya transformado. 

El cuidado atento empieza muchas veces justo aquí: en no dejar que estas palabras se diluyan una vez pasada la fecha. En reconocer que, incluso cuando aparecen pérdidas o limitaciones, la historia de vida y la identidad siguen siendo el hilo que da coherencia a la persona.

La experiencia nos recuerda que la biografía sigue sosteniendo a la persona incluso cuando cambian sus capacidades, una idea que ya hemos desarrollado en “Historia de vida e identidad: lo que el Alzheimer no puede borrar”. Escuchar estas frases es una forma de seguir reconociendo quién es y qué sentido tiene su camino.

Los deseos como brújula del acompañamiento

Acompañar el futuro no significa exigir planes ni imponer una mirada optimista. Significa reconocer el deseo cuando aparece, ayudar a poner palabras a lo que viene y, cuando es posible, traducirlo en metas pequeñas y realistas.

Para los Profesionales de Referencia, estas metas se convierten en una brújula que orienta el acompañamiento: ayudan a priorizar apoyos, a dar sentido a las actividades, a ajustar expectativas. Para las familias, ofrecen un marco desde el que cuidar sin decidir por la otra persona, sosteniendo su voz incluso cuando esta se expresa con menos fuerza. 

En ambos casos, el futuro deja de ser algo abstracto y se convierte en una guía concreta para el día a día, tal y como señalamos en “El profesional de referencia: una figura clave para humanizar los cuidados”, donde se subraya la importancia de una mirada continuada y coherente en el acompañamiento.

Seguir teniendo propósito, también en la vejez

La psicología humanista ya señalaba que la motivación surge cuando la persona siente que su experiencia es tenida en cuenta y que conserva capacidad de elección, incluso en contextos de dependencia. 

Por eso, una meta puede ser tan sencilla como “seguir saliendo a pasear cuando llegue la primavera” o “saber que en enero vendrá alguien a verme”. No es la magnitud lo que importa, sino el significado.

Para Carl Rogers, padre de la psicología humanista, vivir con propósito es parte esencial de ser una persona en desarrollo. Las metas, por pequeñas que sean, nos conectan con quienes queremos llegar a ser. Por eso, también en la vejez, imaginar un futuro posible es una forma de seguir siendo.

Un momento clave para revisar el acompañamiento

Ahora que las fechas de celebración han quedado atrás, lo que se dijo en ellas sigue vivo. Este inicio de año es el momento ideal para recoger esas conversaciones y convertirlas en la brújula del acompañamiento que viene. 

Pero, ¿cómo actuar cuando escuchamos ese “No sé si el año que viene podré…”?

Lejos de responder con un “¡Claro que podrás!” vacío o con un silencio incómodo, podemos acoger esa incertidumbre y transformarla en una oportunidad para revisar su Proyecto de Vida y actualizar su Plan de Apoyos.

Cómo transformar esa frase en acompañamiento 

Una forma de abordar esta conversación desde la validación y el propósito puede ser:

Validar la emoción
«Entiendo que lo veas lejos o difícil ahora mismo. Es normal sentir dudas.»

Indagar en el deseo real
«Pero, si pudieras elegir, ¿qué es lo que más te gustaría mantener?
¿Qué es eso que, si logramos hacerlo, te daría alegría?»

Conectar con los apoyos
«Vamos a ver qué necesitamos ajustar para que eso sea posible. Quizás no podamos hacerlo exactamente igual, pero podemos buscar la manera de que no falte lo esencial.»

Preguntas sencillas como “¿qué te gustaría que no faltara este año?” o “¿qué te haría ilusión en los próximos meses?” dejan de ser una charla casual para convertirse en la base sólida de su planificación.

Sostener un futuro posible también es cuidar

La Atención Centrada en la Persona nos da las pautas teóricas pero llevarla a la práctica no es tan requiere acompañamiento, mirada y coherencia en el día a día.

En Envita acompañamos a profesionales y centros para que estas conversaciones se integren en el cuidado cotidiano. Porque cuidar bien no es solo atender el presente: es seguir sosteniendo un futuro, por limitado que pueda parecer, y asegurar que la vida de cada persona siga teniendo sentido hasta el final.