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Soy Esther, consultora en Envita, y hoy quiero aprovechar la oportunidad y foro, para hablar de algo que me toca tanto a nivel personal como profesional: el relato de vida y legado de las mujeres y, específicamente, los relatos de vida de las mujeres mayores.

¿Por qué?

Con motivo del 8M, como mujer y como parte de una organización en la que el 85% del equipo de trabajo somos mujeres, quería dedicar un espacio a reflexionar sobre mi trabajo con historias de vida y cómo me encuentro cada día con relatos de mujeres cuyas experiencias han sido sistemáticamente ignoradas. Sus voces, a menudo silenciadas en lo público y relegadas en lo privado, necesitan ser escuchadas y reconocidas.

“Cada historia es un tesoro, una huella que resiste el paso del tiempo, un eco de sabiduría que ha sido ignorado demasiado tiempo”

Las mujeres mayores. Pilares invisibles de nuestra sociedad

El Día Internacional de la Mujer nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre la realidad de las mujeres mayores, su presente y el futuro que nos espera a todas. Ellas representan la base, el punto de referencia de nuestra sociedad: han tejido redes comunitarias, han sostenido los cuidados y han transmitido cultura e identidad. Y lo han hecho, en demasiadas ocasiones, sin el reconocimiento que merecen, enfrentando barreras y desigualdades que han limitado su participación y han invisibilizado su contribución a la sociedad.

A esta falta de reconocimiento se suma, ahora en la vejez, una nueva barrera: la discriminación por edad o el denominado “edadismo”. Como señala la antropóloga Mónica Ramos Toro “las mujeres mayores enfrentan una doble carga de desigualdad, al ser relegadas tanto por su género como por su edad”.

La gerontóloga Margaret Cruikshank, en su libro Learning to be Old (2003), señalaba que las mujeres enfrentan desigualdades acumuladas a lo largo de su vida, que se acentúan en la vejez. En España, por ejemplo, las pensiones de las mujeres son un 33,8% más bajas que las de los hombres, según un informe del Instituto Santalucía en 2022. Además, su trabajo ha sido históricamente menos reconocido y, lamentablemente, la violencia machista no desaparece con la edad. De hecho, se suma a la discriminación estructural que sufren las personas mayores. Un informe del Ministerio de Igualdad en 2023 revela que el 23,4% de las mujeres mayores de 65 años han sido víctimas de violencia de género en algún momento de su vida, y el 5,7% la sigue sufriendo en la actualidad.

Temas como el peso de los cuidados, la conciliación laboral o los cambios físicos y emocionales de la madurez aún se debaten en voz baja, relegados a círculos íntimos. La psicogerontóloga Ana Freixas, en Nuestra Menopausia (2024), subraya cómo aspectos fundamentales de la vida de las mujeres, como la menopausia o el envejecimiento, siguen envueltos en tabúes y silencios.

Sin embargo, muchas de estas mujeres han sido testigos y protagonistas de profundas transformaciones sociales, tecnológicas y económicas. Han construido el mundo que hoy habitamos, pero su propia historia sigue sin el reconocimiento que merece.

Detrás de cada dato y cada estadística hay una vida llena de aprendizajes y experiencias que no pueden seguir invisibilizadas.

Romper este silencio no es solo un acto de justicia, sino una oportunidad de honrar su legado. Es el momento de escuchar sus voces, aprender de su sabiduría y reivindicar su lugar en la sociedad.

La edad no debería ser un límite, sino una fuente de inspiración, orgullo y conocimiento compartido.

De invisibles a protagonistas. La historia de vida como herramienta de empoderamiento.

En nuestro trabajo diario con centros residenciales nos encontramos con mujeres que, tras una vida de cuidados, sienten que ahora son una carga. “Pero, yo qué voy a contar, mi vida ha sido muy sencilla, no tengo nada que contar”, nos dicen a menudo. El empoderamiento es un proceso y las profesionales que cada día las acompañan las animan a compartir su relato vital y se esfuerzan por dignificar su historia y por transformar la manera en que se percibe y valora su legado. Este enfoque de la historia de vida que combina cuidados narrativos y digitalización, nos permite humanizar el cuidado y visibilizar realidades que han sido sistemáticamente borradas. Es la oportunidad de decir: “Vuestras historias importan”. Lo que habéis vivido tiene valor.”

La Dra. Colette Daiute, psicóloga del desarrollo y experta en narrativas, ha demostrado cómo el relato de vida puede ser una poderosa herramienta de empoderamiento femenino. Su trabajo revela que contar nuestra propia historia no solo nos ayuda a integrar experiencias y resignificar momentos, sino que también nos permite transformar la memoria individual en un relato colectivo con valor social. Escribir y compartir la propia historia es un acto de recuperación de la voz y de afirmación personal. En el caso de las mujeres mayores, se convierte en un medio para visibilizar su papel en la sociedad, reconocer sus logros y desafiar las estructuras que las han mantenido en un segundo plano.

Cuidar también es reconocer

Es momento de dar luz a las historias que han sido silenciadas, de honrar el legado de las mujeres mayores y de reconocer el impacto profundo que han tenido en nuestras vidas. Sus vivencias son raíces que sostienen nuestro presente y nos guían hacia el futuro.

En Envita, trabajamos cada día para que sus historias no se desvanezcan en el tiempo, sino que resuenen con fuerza en la memoria colectiva. Escuchar a una mujer mayor compartir su infancia, su trabajo, su maternidad o sus luchas es mucho más que recoger un testimonio; es reconocer que su vida ha dejado huella. Es devolverle el lugar que le pertenece en la historia, valorando su recorrido con el respeto y la dignidad que merece.

Cada relato tiene el poder de transformar, de conectar generaciones y de recordarnos que sus voces no solo importan, sino que son esenciales para comprender quiénes somos. Porque escuchar a las mujeres mayores no es solo un acto de respeto, es un acto de justicia y de gratitud hacia quienes han construido el mundo en el que hoy vivimos. Asegurémonos de que sus (NUESTRAS) historias no se pierdan, sino que sigan iluminando el camino de quienes vendrán después.

¿Y tú? como madre, hija, nieta, hermana… mujer, ¿qué historia quieres contar?